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  • : Deshileanguei
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11 agosto 2011 4 11 /08 /agosto /2011 13:10

Me gustas democracia, pero estás como ausente…

Un cartel del 15M en Madrid parafraseaba, los versos de Neruda, con esta invocación a la democracia ausente. Me acordé de un graffiti que vi en Santiago, por ahí por el año 90, en el barrio Concha y Toro: “Contra el capitalismo y su democracia cartucha”.

Ya en esa época muchas personas (varios movimientos específicos para ser honesto), no comulgaban con la forma de democracia que habíamos obtenido en Chile, después de la dictadura. Se trataba de una democracia que no convencía a muchos, y eso que recién había llegado.

MegustasdemocraciaperoestascomoausenteCon el tiempo nos convencimos que vivíamos en una “transición a la democracia”. La verdad, esta idea da cuenta de una genialidad creativa. Pues si lo pensamos un poco, los primeros seis años después de la dictadura, fueron años en los que se vivía con temor, con senadores designados, con Pinochet como comandante en jefe de las fuerzas armadas, con ejercicios militares frente a la moneda, con la constitución del dictador en plena vigencia y sin modificación alguna. Era una situación penosa, la dictadura se había acabado; pero no había democracia, la trampa del binominal aseguraba a la derecha  un cupo parlamentario muy inflado respecto de su votación, y otros grupos políticos con derecho a ser representados y con votos suficientes, simplemente no estaban en el parlamento.

No estábamos en dictadura y no estábamos en democracia. Sin embargo, en vez de pensar que no habíamos recuperado la democracia, pensamos que estábamos camino a, en vías de, en transición a la democracia. Fue una forma creativa de ser optimistas. Al menos había un presidente electo, y un parlamento casi, casi, casi elegido, y las instituciones habían abandonado la intervención militar, por una especie de tutelaje militar. También se habían acabado los toques de queda, las torturas, la CNI, y las detenciones ilegítimas. Bueno, casi, casi; la verdad es que algunas de estas cosas casi se terminaron, y otras casi no. En fin, en ese tiempo podríamos haber pensado que estábamos casi en dictadura; aunque en general, preferimos pensar que estábamos casi en democracia.

 

Confieso que he tirado piedras…

El movimiento estudiantil en ese momento tenía como objetivo desestabilizar a la dictadura, y con el final de la dictadura no supo qué hacer. Como la mayoría de los movimientos sociales, tuvo miedo de desestabilizar a la concertación, hacerle el juego a la derecha y allanar el camino a los militares.

El movimiento actual, tiene un acerbo político muy distinto. No quiere vivir casi en democracia. Los jóvenes secundarios –los movimientos sociales- de ese entonces nos conformamos con vivir casi en democracia. La ciudadanía tenía temor a que la dictadura volviera.

Pero el tiempo fue transformando lo provisorio en permanente. La política de pactos electorales con cuoteo, y de consensos parlamentarios con la derecha, se transformó en regla, el binominal se quedó para siempre, también la constitución y el modelo económico de la dictadura.

La concertación gobernó de cara a la derecha económica, sin tocar a los militares, y en pacto con la derecha parlamentaria se transformó poco a poco en clase política. ¿Podría haberse hecho de otro modo? Difícil de decidir. Después de la guerra todos son generales y a 20 años de distancia, algunas cosas se ven más fáciles. Me parece que la concertación hizo un aporte en acabar con la dictadura, pero también es responsable de mantener esta casi democracia, que no es sostenible.

Estoy convencido que el movimiento estudiantil que aboga por una educación no sólo de calidad; sino también pública es eco de otros sectores de la sociedad, que con menos capacidad de organización no se han levantado. Pero el problema de la salud pública y el sistema de pensiones, también son parte de una reestructuración del sistema social que la dictadura destruyó y que en estos 20 años se mantuvo por falta de valentía y creatividad, o por exceso de prudencia y acomodación, como quiera plantearse.

También me parece,  que esta reestructuración social requiere una transformación política, en términos constitucionales, y una reforma al financiamiento del Estado.

Evidentemente, hay un problema con respecto a la forma de operacionalizar un movimiento como éste. 100.000 personas no pueden marchar todos los días, indefinidamente por la calle. Yo creo que el movimiento debe tratar de permear los distintos sectores de la ciudadanía. Si uno lee los blogs de la segunda, por ejemplo, o ve las propias opiniones de sus contactos por Internet, se dará cuenta que hay muchas personas que repite los slogans de la derecha "Yo puedo pagar la educación de mis hijos, no quiero que me la regalen", decía una mujer en un twitt el otro día. También un comentario decía "Yo trabajo desde los quince años, y gracias a que me partí el lomo, pude estudiar de noche y ahora llevo ua vida mejor; ¿por que ahora van a regalar la educación?". Bueno, esas personas no se han detenido por ejemplo en que por cada niño de quince años que tuvo que trabajar, romperse el lomo, y logró estudiar, otros muchos no lograron hacerlo, y que si bien es meritorio que un jóven de quience años logre estudiar con todas las condiciones en contra, eso es muy cercano a la esclavitud. Y el peor esclavo es el que se transforma en capataz de los otros esclavos. Ni tampoco han repardo en que aquí se está exigiendo un derecho, y no un regalo. Como nos hemos acostumbrado a la política del bono, y a los "regalos políticos". Me parece que el movimiento, debe ser capaz de hacer visibles sus convicciones más allá de sus límites y transversalizar dichas convicciones básicas de manera que la ciudadanía vaya incorporando una visión general que permita las transformaciones necesarias. De manera, que el día que logren un acuerdo político con el gobierno y dejen de marchar -y ese día llegará y ojalá sea el acuerdo más beneficioso para las convicciones que compartimos-; se haya ganado también en visibilizar para la ciudadanía en su conjunto, la serie de cambios que para Chile son necesarios.

 

Adán Salinas Araya

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