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  • : Deshileanguei
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19 agosto 2011 5 19 /08 /agosto /2011 13:13

 


Hace un par de semanas leía una columna de "El ciudadano" que me llamó la atención sobretodo por la forma que abordaba los levantamientos populares norteafricanos.

 democracia.jpeg Vale la pena traer a colación particularmente una frase Millones de ciudadanos del mundo ocupan grandes avenidas de Madrid y Atenas, en El Cairo y Damasco, en Lisboa y Santiago de Chile, expresando su indignación y exigiendo cambios profundos”. http://www.elciudadano.cl/2011/08/11/un-nuevo-fantasma-recorre-el-mundo/comment-page-2/#comment-121752

 

 

 

Me parece que los levantamientos norteafricanos, no son comparables al proceso ciudadano y popular que se vive en Chile. A riesgo de simplificar el asunto; pero también por tratar de hacerlo más claro,  me parece que estos tres tipos de movimientos tienen características distintas.


 1 El movimiento chileno, es un movimiento más abiertamente anticapitalista; pues somete a juicio elementos estructurales del modelo económico y social de inspiración neoliberal. 2 Los movimientos europeos, van en esta línea; pero son más coyunturalistas, si bien existen sectores que abogan por un cambio estructural, los sectores mayoritarios reaccionan contra los recortes sociales, y el peligro que se cierne sobre el Estado de bienestar europeo, producto de las decisiones de la clase política europea, que ha reaccionado frente a la crisis económica instalando políticas cercanas al neoliberalismo norteamericano. 3 Los movimientos norteafricanos, de inspiración occidentalizante y que exigen democratización institucional, son más bien proclives a incorporarse dentro del modelo de desarrollo capitalista de occidente.


Los movimientos chilenos y europeos tienen coincidencias; pero parten desde situaciones políticas distintas. La ciudadanía chilena reacciona contra un modelo heredado de la dictadura y que se ha mantenido por más de 20 años. Las sociedades europeas no han vivido el neoliberalismo de este modo; más bien, se encaminan hacia allá.


Los movimientos europeos reaccionan para que no les suceda, lo que en Chile ya sucedió: el desmantealmiento del sistema social y la expansión del mercado a toda la vida social, transformación de la educación en negocio, privatización especulativa de los fondos de pensiones, la generación de un estado que gobierna para el mercado.

 

En Chile estamos en la situación inversa, ese desmantelamiento ya se realizó, lo hemos padecido, y hemos atestiguado la neutralización de los logros y conquistas sociales del siglo XX, y además hemos atestiguado como tal modelo profundiza las desigualdades sociales, estigmatiza la pobreza, genera un quiebre social generalizado, desmantela a los comercios locales e instala de forma salvaje trasnacionales que expropian los recursos del país. En Chile necesitamos deshacer el entuerto, mientras en Europa se presiona para que el entuerto no llegue a consumarse del todo.

 

Los levantamientos norteafricanos son de un calibre completamente distinto. Los movimientos sociales allí aspiran a la democracia, y tienen un carácter más bien cercano al capitalismo. Quieren vivir como se ve que vive el mundo occidental, dejando atrás monarquías y dictaduras religiosas, que coartan la libertad de los sujetos, aunque mantienen cierta institucionalidad. Es un proceso distinto.

 

El postcolonialismo en África se ha padecido en forma extrema. A diferencia de las independencias latinoamericanas  de principios del XIX, que fueron realizadas por pequeños grupos criollos, de la nueva burguesía americana y que se llevaron a cabo como proceso de autoapropiación, o de liberación, si se quiere. Las colonias africanas fueron prácticamente abandonadas por los países europeos. Los procesos independentistas fueron más bien alentados desde Europa, que resistidos, y en algún caso las colonias africanas, fueron definitivamente desechadas.

 

No obstante, África es un continente interesante desde el punto de vista económico, sobretodo por sus riquezas minerales. La guerra fría alentó los conflictos armados, entrenó y financió facciones y bandos y las dictaduras africanas entregaron cierta estabilidad institucional, que permitía el intercambio comercial con Occidente.

 

Las opciones africanas se juegan entre una guerra civil permanente, como es el caso de Somalia, famoso en estos días por la crisis alimentaria, pero que lleva 20 años de Guerra Civil permanente.  O también una dictadura o monarquía, que coarta las libertades de los individuos, explota las riquezas en beneficio de ciertos clanes; pero al menos mantiene cierta estabilidad institucional, una especie de clima de sumisión pacífica e incluso cierta bonanza económica, sin los excesos de la guerra entre clanes. Como es -o era, está por verse- el caso de Libia, donde la dictadura de Ghadafi en 40 años ha sido aliada del bloque soviético, luego se ha declarado neutral, luego ha restablecido relaciones comerciales con Europa; aunque Libia en estas volteretas se ha transformado en el país más rico de África. O -y esto es lo que me parece comienza a olerse en el ambiente-, la posibilidad de procesos democratizadores, de los que la próspera Sudáfrica parece ser un ejemplo a seguir.

 

Es lógico en cierto sentido, que una población como la de Libia busque una transformación democratizadora, por el debilitamiento de un líder envejecido, porque recibe cada vez más influjo occidental, a través de sus relaciones comerciales, y con el potencial petrolero que sustenta su economía. Aunque también es cierto que la apertura de estos mercados norteafricanos a los conglomerados económicos occidentales, más los procesos de privatización europeos, y el desarrollo de sistemas de capitalización individual en Europa en reemplazo de los actuales sistemas de redistribución social europeos, forman un cóctel interesante para superar la crisis al menos europea. Es decir, todos estos elementos son justamente las condiciones para una fase de expansión del capitalismo neoliberal, que puede significar la salida de la actual crisis.

 

Pido perdón por esta extensa introducción, que tiene como objeto decir solamente que los “cambios profundos” exigidos, por allí o por acá, son cambios distintos. Que hay cambios y cambios. Que no basta decir “viva el cambio”, según el célebre pero vacío slogan de campaña.  Pareciera que todos son procesos similares al menos en que buscan ser democratizadores. Sin embargo están en juego ideas de democracia bien distintas.

 

Europa celebra los impulsos democratizadores de Libia; pero desoye, criminaliza y reprime a quienes piden “democracia real ya”, al interior de la propia Europa. En Chile, recuperamos la democracia; pero nos damos cuenta que esta democracia tiene apellidos, es una democracia neoliberal, que desoye, criminaliza y reprime a la ciudadanía, cuando lo que piensa la mayoría no es útil a los intereses económicos de los poderosos. Es cierto, ya no vivimos en dictadura, pero este tipo de democracia es poca cosa.

 

Me parece, que esto nos echa a la cara, al menos  a mí me echa a la cara, que las ideas políticas tienen zonas grises, que hay que tomarse -igual que se toman los colegios y las calles- las ideas de democracia, cambio o libertad. Estas ideas deben ser retomadas, repobladas, porque algunos se han apoderado de estas ideas, deslavándolas, vaciándolas y haciéndolas parte de discursos propagandísticos y serviles. Hay que reformular las ideas de democracia, libertad y cambio que queremos, porque se han vuelto ideas manipuladas que han perdido su potencial político. ¿Profundizar la democracia neoliberal? No, gracias. Reestructurar las bases democráticas de nuestro país.

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