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  • : Deshileanguei
  • : 1 Arreglo temporal por poco tiempo, véase también "suple", "niple", "chanchullo". 2 Darse una voltereta y chutear en el aire de espaldas sin mirar hacia dónde... (a veces sale al arco) Puede usarse también la expresión culta "modus chilensis"
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1 agosto 2011 1 01 /08 /agosto /2011 18:10

 

endeudado.jpgEl año 1979 Michel Foucault dictaba un curso en el Colegio de Francia. El curso tenía como título “El nacimiento de la biopolítica”. Un título que a muchos les sonará curioso. Como gran parte del trabajo de Foucault, este curso trataba sobre las formas del poder que se impone a la vida de los sujetos. Este curso, no obstante, tenía una particularidad especial; pues no trataba, ni sobre las prisiones, manicomios o escuelas; sino sobre el neoliberalismo. No trataba sobre los lugares de encierro que habían sido los lugares privilegiados del análisis de Foucault; sino sobre una forma de sociedad que parecía ser libertaria, o que al menos sostenía la libertad, como una idea recurrente de su discurso. Se trata de un curso, que ha sido editado y que conviene leer, ante los actuales acontecimientos. No pretendo comentarlo completamente, ni hacer un resumen; sólo quiero traer a colación una idea de las muchas que Foucault presentó en las clases de ese año y que, me parece, resulta de la mayor actualidad. Me refiero a la idea del hombre-empresa, o el hombre empresario de sí mismo. Foucault la explicó el 14 de Marzo de 1979, cuando los procesos que la desarrollan, recién estaban en formación.

El hombre empresa es la forma en que el neoliberalismo entiende y forma a los sujetos. De algún modo todos nos transformamos en empresarios de nosotros mismos, en  pymes individuales que necesitan gestionarse para rentabilizar o dirigirse a la quiebra. En el fondo, lo que quiere decir es que la racionalidad de mercado se extiende a la totalidad de la vida. La forma “empresa” se toma la vida. Las personas se transforman en capital humano. Como cualquier empresa las personas deben invertir para poder rentabilizar. Decisiones familiares como la cantidad o el momento de tener hijos se transforma en una decisión fundamentalmente económica. Lo mismo sucede con la carrera, la imagen personal e incluso la elección de pareja.

Esta formación del hombre-empresa se logra a través de sofisticados sistemas de capitalización individual. En Chile los conocemos muy bien: sistemas crediticios para autofinanciar la propia educación, seguros privados de salud y pensiones. A través de ellos, es posible tejer una línea vital que llega desde la más temprana edad hasta la vejez. Si alguien quiere una mejor educación que sea rentable a futuro, sólo es posible a través de una fuerte inversión de su familia durante largos años, luego le sumamos el crédito universitario a varios años, el hipotecario pagando suculentos intereses durante dos o tres décadas, y la cotización individual durante toda la vida, a riesgo de no obtener una pensión para la vejez. Lo que logran estos sofisticados sistemas es hipotecar la vida de las personas. Ya no es necesario encerrar, torturar o amenazar a nadie. Basta con la amenaza básica de la desigualdad. El que se resiste, no es ni encarcelado ni obligado, es empobrecido, y la gran desigualdad social se transforma en el motor que acciona al hombre-empresa.

Las personas no son empresas y no es en absoluto sensato pensar que se comporten como tal y que consientan vivir de tal forma. Muchos estamos cansados de vivir de este modo. A menos que la alternativa sea inaceptable. Por esta razón, el funcionamiento del hombre-empresa requiere la desigualdad, de hecho requiere provocar una gran desigualdad social. Sólo de este modo es posible estimular que las personas no se alejen de este camino empresarial; pues la amenaza de la desigualdad está siempre presente. Quien se aleje del camino no será castigado, pues las sanciones económicas son suficientes. O inviertes o pasas a formar parte de la masa desfavorecida y empobrecida. Todos quieren ser una empresa exitosa, pues nadie quiere empobrecerse en una sociedad en que la pobreza es un castigo permanente y muy difícil de superar.

Para algunos, el camino del hombre-empresa resulta. Es decir, es verdadero que comúnmente una capacitación laboral universitaria (un título) permitirá un mayor ingreso futuro, también es cierto que “mejores” relaciones sociales o una imagen personal “socialmente adecuada” forman un “status” que permite rentabilizar. El hombre empresa no es una mentira, es una forma de vida impuesta a las personas, y es el mayor impuesto que pagamos. El hombre-empresa es un proyecto de vida formulado económicamente e impuesto a los sujetos en su conjunto. A través de esta ecuación inversión-rentabilidad sobre la vida, se hipoteca fuertemente la libertad de las personas, transformando completamente el mercado laboral; pero también generando un mercado completamente nuevo. Miles de millones se tranzan en Educación, en créditos universitarios e hipotecarios, y mucho más se juega en los fondos de pensión. Transformar la vida de las personas a través de la lógica empresarial, es un enorme negocio.

 Me parece que entender la lógica del hombre-empresa es capital, para pensar las condiciones y las discusiones actuales sobre el modelo social. En Chile el hombre-empresa es una realidad que genera grandes desigualdades en la población y también gran riqueza para los conglomerados económicos que administran los sistemas de capitalización individual y los instrumentos crediticios.

 

Adán Salinas Araya

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Comentarios

E

Cómo encaja el arte desinteresado? el trabajo por el prójimo sin calcular la rentabilidad? Cómo se estima lo gratuito? Lo noble? aquello por lo que no cobro? Interesante lo que plantea don Adán.
Foucault describe un escenario real y descarnado, pero absolutamente reconocible, lamentablemente.


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