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30 julio 2011 6 30 /07 /julio /2011 11:59

Desregulación financiera y recortes sociales.

bail_dees.jpgLa clase política europea está poniendo en jaque la sociedad de bienestar que forjó Europa los últimos 60 años. El contexto de la “crisis financiera” les entrega una oportunidad única para tal fin; pues, es imposible que la ciudadanía europea acepte el nivel de recortes presupuestarios y el verdadero desmantelamiento del sistema social que actualmente está comenzando, si no es a partir de un campo de adversidad. Tal campo de adversidad ha sido esta crisis, superar el campo de adversidad –superar la crisis- vuelve legítimas para la opinión pública, algunas medidas que difícilmente se hubiesen aceptado en otros momentos.

 

Se ha hablado mucho de que esta última crisis es una crisis financiera de la banca privada, y que superar esta crisis implica la disminución de la deuda pública, y por tanto, recortes sociales. En general, estos tres puntos han constituido el eje comunicacional del discurso en Europa. Pero si analizamos bien los vínculos entre ellos, se ve con claridad que su relación es bastante cuestionable. La primera afirmación constituye el diagnóstico del asunto: “hay una crisis financiera de la banca privada”. Quizás sea la parte del discurso que tenga más sentido. Ahora bien, las estrategias que se usaron para intentar superar esta crisis fueron sobretodo el rescate a la banca privada, por parte del Estado. Lo que se ha dicho, es que era necesario, pues si los bancos no funcionan, nada funciona; por lo tanto, es lícito que el Estado entregue liquidez a estos bancos desfinanciados. No  me interesa comentar esta fórmula, ya hay bastante material circulando sobre el tema (ver por ejemplo el documental Inside Job algo efectista pero bastante claro); pero quisiera detenerme en los dos pasos siguientes, que me parece entregan algunas cosas que pensar respecto a Latinoamérica y especialmente respecto a Chile.

 

¿Por qué es importante empequeñecer la deuda pública? El discurso oficial en Europa dice que. 1 La liquidez financiera ha afectado también al Estado, pues tiene mucho gasto y ha tenido que recurrir al endeudamiento. 2 El gasto del Estado es provocado por un sistema social muy caro e insostenible en el tiempo. 3 Sólo se saldrá de la crisis actual, si se le entrega “confianza a los mercados”, que como no pueden confiar en la solidez de la banca privada, deben ver Estados austeros, poco gastadores, y que pagan sus deudas. Evidentemente todo esto implica recortes sociales, pues el Estado gasta mucho, y su principal gasto es el sistema social.

Como se ve, hay cierta discontinuidad en el razonamiento. Recordemos el primer elemento del discurso: la crisis fue causada por las malas prácticas de la banca y el sector financiero. Pero resulta que la solución es empequeñecer el gasto del Estado y eliminar el sistema social. Todo apuntaría a que el problema es la desregulación financiera; pero por alguna razón el asunto termina en achicar el Estado.

 

Miremos el ejemplo de Grecia, que está siendo una especie de laboratorio financiero europeo. Puesto que Grecia quedó en una situación desmejorada, requiere un “rescate financiero”, que la Unión Europea está dispuesta a entregarle bajo ciertas condiciones. Grecia debe recortar funcionarios públicos, reformular el sistema de pensiones y comenzar la privatización de empresas nacionales. En Chile ya conocemos cómo sigue el resto. Nuestro “campo de adversidad” fue distinto, y nadie podía reclamar demasiado a punta de bayonetas. Lo que se busca que haga Grecia es abrir mercados, y extender la racionalidad de mercado a ámbitos nuevos. Probablemente, la clase política europea no busque desmantelar por completo el sistema social, sino que intentará  atraer capitales privatizando aeropuertos, concesiones de carreteras, o sistemas de transportes (todo esto también lo conocemos en Chile), incluso quizás espere lograr un equilibrio fiscal para restablecer los gastos que se han recortado. Y me parece muy poco probable que llegue a los extremos chilenos de privatizar la Educación y reemplazar los sistemas sociales de salud o jubilación por sistemas de capitalización individual como las ISAPRES o AFP, aunque sin duda hay gente que lo piensa. Pero el accionar de la clase política europea ante esta crisis puede ayudarnos a remirar la situación en gran parte de Latinoamérica y especialmente en Chile, que se ha visto conmovido por un nuevo campo de reivindicaciones sociales, a partir de los movimientos por el restablecimiento de la educación pública.

Restablecer el sistema social, pensar en Chile.

La fórmula empleada hasta ahora por la clase política europea mostró que el sistema social europeo tenía una debilidad estructural de financiamiento. Pues se financia, fundamentalmente a través de impuestos. Efectivamente, el sistema social europeo es caro y la carga de impuestos es alta.

 

educacion-privada-2.jpgAnte este escenario, la clase política europea tenía básicamente dos opciones, o buscar nuevas formas de financiamiento o recortar el gasto. También era posible una fórmula mixta, que recortara algo el gasto y subiera el ingreso. Pero esto implicaba subir impuestos y la crisis económica no lo hacía viable. Ahora bien, esto se explica porque los impuestos son básicamente el único ingreso del Estado. En Chile, no sucede tal cosa. Además de los impuestos tenemos empresas nacionales de carácter productivo, el caso emblemático es la industria del cobre, que está en buena parte privatizada y extranjerizada; pero que mantiene un porcentaje de propiedad y explotación nacional, que como sabemos constituye gran parte de los ingresos nacionales. Si pensamos en países como España, o Francia, no hay una industria productiva susceptible de nacionalizarse que sea comparable. Las empresas del Estado en estos países son principalmente empresas de servicios, como el transporte público, por ejemplo, que difícilmente aportan ingresos importantes a las arcas fiscales. Quizás la opción hubiese sido la participación parcial en la banca privada. Además era una opción lógica, como en cualquier proceso de capitalización. Cuando una empresa requiere capitalizarse, vende acciones y tal venta le permite el ingreso de capitales. Eso implica que el nuevo accionista que pone esos nuevos capitales se hace parte de la empresa y de sus futuras rentabilidades. En el caso europeo, los estados rescataron económicamente a la banca pero esto no implicó la participación en tal banca. En buena medida esta hubiese sido una opción para subir estructuralmente los ingresos y no depender solamente de los impuestos. E incluso, hubiese sido una opción más justa en términos de uso de los recursos fiscales. De tal modo no se hubiesen gastado los recursos públicos en superar la crisis de una entidad privada; sino que el estado hubiese invertido en un sector potencialmente rentable. En fin, se tomó el camino contrario. Pero esto nos muestra una importante diferencia entre la situación latinoamericana y especialmente chilena, respecto a Europa.

 

En Chile, el siglo XX fue un siglo de luchas –y de conquistas- sociales. Este proceso de luchas y de conquistas permitió la generación de un sistema social en desarrollo, que se vio abruptamente interrumpido por la irrupción del modelo neoliberal, que desmontó el sistema social y creo sistemas de capitalización individual, haciendo funcionar ámbitos como la salud, la educación o el sistema de pensiones, a través de una racionalidad de mercado. De este modo, allí donde había un sistema educacional, hoy tenemos miles de unidades de negocios; allí donde se comprendía que  existían necesidades de la sociedad en su conjunto en educación, hoy se entiende que hay necesidades individuales de capacitación, para ingresar o progresar en el mundo laboral; allí donde había un derecho esencial a la educación que el Estado debía proteger y proveer en forma igualitaria para los ciudadanos, hoy tenemos un modelo de pago donde el Estado ya no es responsable de la educación, sino que paga a terceros que prestan servicios educacionales. Sucede algo similar en Salud y con el sistema de pensiones.

 

No obstante, el sentir ciudadano exige cada vez con más fuerza, el restablecimiento de un sistema social integrado y público. Esto no sólo es posible; sino que en Latinoamérica, quizás mucho más posible que en cualquier otro lugar. Puesto que los recursos mineros, energéticos e hídricos implican riquezas nacionales, que permitirían un ingreso fiscal no sólo basado en impuestos. Por esta razón, el discurso sobre educación pública y  el discurso sobre la nacionalización del cobre están íntimamente ligados, porque obedecen desde el punto de vista político a la misma discusión, es decir, a la necesaria corrección que el sistema económico y social chileno requieren. No es sólo una “ideologización” de los estudiantes, que comienzan alegando por la Educación y terminan hablando del cobre, como el ex ministro Lavín dijo en su momento. Por el contrario, se trata de un discurso profundamente lúcido, no sólo exige un sistema público de Educación; sino que entiende que tal exigencia implica reformas estructurales, entre ellas, reformas al financiamiento del Estado, que desde la realidad latinoamericana, son incluso más urgentes y más viables que en otros rincones del planeta.

 

Adán Salinas Araya

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