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Presentación

  • : Deshileanguei
  • : 1 Arreglo temporal por poco tiempo, véase también "suple", "niple", "chanchullo". 2 Darse una voltereta y chutear en el aire de espaldas sin mirar hacia dónde... (a veces sale al arco) Puede usarse también la expresión culta "modus chilensis"
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7 marzo 2013 4 07 /03 /marzo /2013 17:31

Introducción: Estos ejercicios han sido pensados para realizarse el 8 de marzo, pero pueden realizarse cualquier día en que disponga de algunos minutos. No hace daño repetirlos durante el año cada cierto tiempo. Busque un lugar tranquilo, donde no reciba distracciones. Esto es muy importante, pues en los días anteriores habrá muchas deformaciones. Por ejemplo, por televisión se invitará a comprar regalos, flores, cenas románticas; en el trabajo se organizará algún acto con regalos y flores para las mujeres; y más de alguno repartirá estampitas del tipo "la familia que reza unida permanece unida". No hay que dejarse distraer por estas desviaciones. No es una fecha romántica, ni para hacer regalos; tampoco es el día de la madre o de la familia. En realidad lo último es prácticamente un insulto. Aléjese de distracciones y tómese un tiempo tranquilo para comenzar la meditación.

 

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Meditación.

1 La historia: Busque en Internet algo sobre la historia de este día. Se dará cuenta que no es un día festivo, que a principios del siglo XX este día fue instaurado  con reclamos como el acceso al voto, a la educación superior y a mejoras laborales, por ejemplo con al huelga de 13 semanas en 1908 de las trabajadoras textiles. Tomó fuerza especialmente a partir de 1911 pues unos días después de su conmemoración, murieron más de 140 costureras en un incendio. Las costureras fueron encerradas en la fábrica para que no abandonaran sus puestos de trabajo. No se sabe con certeza si el incendio fue intencionado.

2 El Nombre. ¿Es en realidad adecuado hablar de “el día de la mujer”? Pues, las mujeres son muchas, millones, cada una singular y diferente. Ninguna piensa o siente igual que otra. No existe “la mujer”. Una figura de “la mujer” es peligrosa pues sirve para imponerles a todas un mismo modelo de comportamiento, para que sean todas iguales (la mujer usa el pelo largo, la mujer se viste con falda, la mujer es sensible, la mujer es maternal, etc). ¿No será mejor hablar de las mujeres en plural? ¿Este día es festivo, celebrativo de lo supuestamente femenino? ¿O es más bien un recordatorio de las luchas laborales y sociales de los movimientos de mujeres? ¿O incluso un recordatorio de que en la actualidad hay enormes desigualdades en los derechos entre hombres y mujeres? ¿No será mejor entonces un nombre que diga de manera más clara de lo que se trata y que no permita desviaciones comerciales o malintencionadas, románticas, maternalistas o familiaristas? ¿Hablar por ejemplo de “día de las luchas por los derechos de las mujeres”?

3 Lo que yo hago. ¿Cómo conmemoraré este día, sin regalos ni supercherías? ¿Con mi pareja tenemos una relación donde compartimos responsabilidades y decisiones, o por el contrario es una relación donde ejerzo dominio? ¿He sometido a crítica o revisado alguna vez lo que vi y aprendí de la relación de mis padres? ¿Reproduzco los patrones de dominación, control y manipulación económica o dependencia legal de la sociedad  sobre mi pareja? ¿Le entrego importancia a lo que opina mi pareja respecto a los proyectos comunes, conozco al menos su opinión? ¿Tenemos una distribución justa del dinero y de los bienes materiales? ¿Tenemos una distribución justa del trabajo y de las responsabilidades comunes? ¿Creo que soy superior, que mis ideas son mejores, que debo supervisar lo que hace mi pareja, que soy “la cabeza del hogar”, el “dueño de casa”, el “jefe de familia”? Por otra parte ¿Conozco si mis compañeras de trabajo ganan lo mismo que yo? ¿Estimulo un trato justo en mi trabajo? ¿Ridiculizo a las mujeres de mi trabajo? ¿Contribuyo a que en el trabajo, a mis compañeras, se les condicione sexualmente, o se explote su imagen eróticamente?

No es necesario que intente contestar a cada pregunta, puede quedarse sólo con una o añadir otras. Son sólo una guía.

 

Propósitos.

La meditación puede terminar con un propósito, por ejemplo: Proponerle a su pareja refundar la relación de manera más democrática. Pedir disculpas. Criticar públicamente las actitudes sexistas. Tener una amiga. Decirle a su madre que es inteligente, que valora su opinión y sus criterios. U otro propósito cualquiera que le parezca conveniente según lo que ha meditado.

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3 septiembre 2012 1 03 /09 /septiembre /2012 18:01

 

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Estuve viendo el filme “La educación prohibida”, pues muchos amigos del Facebook lo posteaban y recomendaban. En realidad, no lo “estuve viendo”: lo vi completo en sus agotadoras dos horas y algo más; lo vi con rabia (es cierto que estoy dejando de fumar y ando con un humor de mierda) y es que el filme no sólo es malo; sino regresivo, contraproducente, atenta contra la claridad de las discusiones en educación y además vuelve borroso el problema de las luchas sociales actuales.

En primer lugar, me parece muy poco decorosa la estructura “viral” del filme, -supongo que algún estudioso de las comunicaciones ya habrá hecho una teoría al respecto y si no puede tomársela prestada de aquí- me refiero al tipo de video que está destinado y construido para tener un efecto en las redes sociales. Es fácil de reconocer. 1 Presenta un problema complejo de manera simple, como si tuviera una única solución o mirada. 2 Compromete afectivamente al televidente o espectador. 3 Solicita al espectador una acción simple que le permita comprometerse con su causa, del tipo “dale compartir”, “me gusta” o “visita nuestra página”. Tratar problemas importantes de este modo es al menos poco decoroso, y lo primero que me molestó del filme fue esta estructura publicitaria que no hace reflexionar, son que es todo lo contrario: una retórica de masas.

En segundo lugar, me resulta impresentable que el filme esté basado en opiniones de “expertos” y no de los implicados, es decir, estudiantes. El filme parte con una representación de unos estudiantes, pero esos no son estudiantes, son actores haciendo de estudiantes. Los estudiantes nunca están implicados, nunca hablan, nunca se les escucha. Es como si quisiéramos discutir sobre las condiciones de los trabajadores mineros y citáramos a sociólogos de la organización mundial del trabajo, ministros de trabajo, diputados de la comisión laboral, economistas y profesores universitarios, pero a ningún minero. Esto es justamente parte fundamental del problema, tratar de construir política de espaldas a la comunidad o a la ciudadanía.

En tercer lugar, todo el problema del filme parece reducirse a lo siguiente: “las escuelas lo hacen mal y no son realmente necesarias, la educación es mucho más que la escuela”. Bueno, es un falso problema e incluso uno peligroso en el actual contexto político. Pues ¿de qué se ha tratado la lucha de los estudiantes desde el 2006, al menos, y que -especialmente los últimos años- ha costado represión, tortura, violaciones a los derechos humanos, paralizaciones prácticamente completas del sistema educativo? Bueno se trata justamente de lo contrario, se trata de afirmar la escuela, de robustecerla. Lo que los estudiantes vienen exigiendo en las calles no es la abolición de la escuela, por el contrario, exigen un tipo de escuela pública, integrada, participativa y de calidad.

El filme insiste, a través de muchos expertos y mezclando cosas razonables con elementos definitivamente descabellados, en que la educación está mal (cosa que muchos opinamos en la actualidad particularmente en Chile). Que además está mal porque las escuelas no sirven, pues las escuelas son un invento del despotismo ilustrado, que a través de la educación pública trató de mantener sometido al pueblo, que las escuelas realmente buenas son las escuelas alternativas y privadas.

Pues no, queridos amigos, la escuela no es eso. La escuela es un espacio de lucha, siempre lo ha sido. Es cierto que muchas veces la escuela ha funcionado como un instrumento político de dominación, pero no hay que pensar que educación pública significa nazismo o estalinismo, eso es lo que piensan los amantes de la educación privada. Otros pensamos que la escuela pública es el instrumento por el que aseguramos el derecho a la educación para todos. ¿Qué pasa si eliminamos la escuela? Como pretenden algunos de estos expertos ¿Cómo aseguramos el derecho a la educación? Ah, pero estos expertos nos dicen que los niños se educan solos que solamente hay que dejarlos ser, que todo viene en ellos, que los adultos, que los profesores, que los programas, que la escuela son puros obstáculos. De acuerdo, los adultos, los profesores a veces somos unos idiotas, además los programas están llenos de problemas y se les puede criticar desde múltiples perspectivas y creo que todos estamos de acuerdo en que la escuela real está lejos de la escuela que querríamos tener. Pero yo pregunto a estos expertos ¿Y si la escuela no existe, cómo aseguramos el derecho a la educación? ¿La madre se queda en casa para educar a sus hijos? ¿Los padres trabajan menos y ellos mismos educan a los hijos?

Bueno, todo esto me recuerda mucho lo que pasó en 1990; pues en esa época comenzó la actual reforma educacional, y comenzó con ideas muy similares a las de este filme. “hay que olvidar lo aprendido, ahora hay que aprender a aprender” “hay que rehacer todos los programas” “centrarse en el aprendizaje y no en la enseñanza” “los objetivos tienen que expresarse en función de lo que los niños aprenden y no de lo que el profesor hace; y otras ideas similares. El gran problema es que todo esto no ha servido mucho. Parece una visión progresista y democratizadora de la educación; pero en realidad es todo lo contrario; pues centra el problema de la educación en adoptar tal o cual teoría del aprendizaje, y hay muchas. De hecho en Chile se hizo, desde 1990 todo se adaptó al nuevo paradigma constructivista y no pasó gran cosa ¿Por qué no?, mi opinión es que  el sistema educacional siguió en manos privadas a través del perverso sistema de subvenciones, el problema del financiamiento individual de la educación superior siguió sin cambios, y la estructura de recompensas financieras, la inserción en el mercado del trabajo, el sistema del endeudamiento, una estructura salarial extremadamente desigual, y un gran etcétera. Bueno, de esto el filme no dice nada, nada de nada.

A la concertación le encantaba escuchar expertos, con expertos hizo su reforma, el gobierno actual  (2012) no escucha a nadie. Pero en educación, hay que dejar de ver estos documentales efectistas, yo prefiero escuchar a los muchachos, sus documentos, sus carteles, sus consignas, eso me parece más democrático. Invito a la misma productora que hizo el filme, a darle un “me gusta” a este post y a compartir esto, y a hacer un filme sobre la experiencia de las asambleas, me encantaría ver un documental sobre las experiencias de autogestión de ciertos colegios tomados, quisiera ver cuando las asambleas votaron por repetir y no deponer la toma, me parece heroico ver repetir a todo un colegio, y que no los consuma la lógica de la competencia con el otro. Me encantaría que los expertos tomaran los documentos hechos por los estudiantes y que los analizaran como expertos y les aportaran ideas. Por el contrario, estoy cansado de escuchar mesas de expertos con sus utopías técnicas que finalmente sólo sirven de telón funcional para no tocar la estructura del sistema educativo.

Yo lo pienso: la escuela pública es un espacio de lucha, ¿acaso los últimos años no muestran eso? Los señores del filme quieren presentar a la escuela pública únicamente como un dispositivo de dominación; pues no, yo también fui a la escuela pública y también he enseñado en ella, es un espacio de lucha, donde de hecho se aprende esta cuestión esencial: que todo el campo social es un espacio de lucha. ¿En ella quieren imponerse muchas voluntades de poder? Es cierto, pero muchas otras resisten y la lucha se hace efectiva. Los señores del filme muestran como el Estado busca imponerse a los sujetos a través de la escuela, como si el Estado fuera algo intrínsecamente perverso; es cierto que el Estado puede encarnar intereses de dominación; pero no es menos cierto que también es un instrumento de lucha. En estos tiempos de despotismo del mercado, renunciar a la escuela pública, desmontarla, creyendo que se hace un  gesto libertario es pura demagogia neoliberal. Me parece un filme muy higiénico, nada de política, sólo buenas intenciones.

Adán Salinas Araya

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19 agosto 2011 5 19 /08 /agosto /2011 13:13

 


Hace un par de semanas leía una columna de "El ciudadano" que me llamó la atención sobretodo por la forma que abordaba los levantamientos populares norteafricanos.

 democracia.jpeg Vale la pena traer a colación particularmente una frase Millones de ciudadanos del mundo ocupan grandes avenidas de Madrid y Atenas, en El Cairo y Damasco, en Lisboa y Santiago de Chile, expresando su indignación y exigiendo cambios profundos”. http://www.elciudadano.cl/2011/08/11/un-nuevo-fantasma-recorre-el-mundo/comment-page-2/#comment-121752

 

 

 

Me parece que los levantamientos norteafricanos, no son comparables al proceso ciudadano y popular que se vive en Chile. A riesgo de simplificar el asunto; pero también por tratar de hacerlo más claro,  me parece que estos tres tipos de movimientos tienen características distintas.


 1 El movimiento chileno, es un movimiento más abiertamente anticapitalista; pues somete a juicio elementos estructurales del modelo económico y social de inspiración neoliberal. 2 Los movimientos europeos, van en esta línea; pero son más coyunturalistas, si bien existen sectores que abogan por un cambio estructural, los sectores mayoritarios reaccionan contra los recortes sociales, y el peligro que se cierne sobre el Estado de bienestar europeo, producto de las decisiones de la clase política europea, que ha reaccionado frente a la crisis económica instalando políticas cercanas al neoliberalismo norteamericano. 3 Los movimientos norteafricanos, de inspiración occidentalizante y que exigen democratización institucional, son más bien proclives a incorporarse dentro del modelo de desarrollo capitalista de occidente.


Los movimientos chilenos y europeos tienen coincidencias; pero parten desde situaciones políticas distintas. La ciudadanía chilena reacciona contra un modelo heredado de la dictadura y que se ha mantenido por más de 20 años. Las sociedades europeas no han vivido el neoliberalismo de este modo; más bien, se encaminan hacia allá.


Los movimientos europeos reaccionan para que no les suceda, lo que en Chile ya sucedió: el desmantealmiento del sistema social y la expansión del mercado a toda la vida social, transformación de la educación en negocio, privatización especulativa de los fondos de pensiones, la generación de un estado que gobierna para el mercado.

 

En Chile estamos en la situación inversa, ese desmantelamiento ya se realizó, lo hemos padecido, y hemos atestiguado la neutralización de los logros y conquistas sociales del siglo XX, y además hemos atestiguado como tal modelo profundiza las desigualdades sociales, estigmatiza la pobreza, genera un quiebre social generalizado, desmantela a los comercios locales e instala de forma salvaje trasnacionales que expropian los recursos del país. En Chile necesitamos deshacer el entuerto, mientras en Europa se presiona para que el entuerto no llegue a consumarse del todo.

 

Los levantamientos norteafricanos son de un calibre completamente distinto. Los movimientos sociales allí aspiran a la democracia, y tienen un carácter más bien cercano al capitalismo. Quieren vivir como se ve que vive el mundo occidental, dejando atrás monarquías y dictaduras religiosas, que coartan la libertad de los sujetos, aunque mantienen cierta institucionalidad. Es un proceso distinto.

 

El postcolonialismo en África se ha padecido en forma extrema. A diferencia de las independencias latinoamericanas  de principios del XIX, que fueron realizadas por pequeños grupos criollos, de la nueva burguesía americana y que se llevaron a cabo como proceso de autoapropiación, o de liberación, si se quiere. Las colonias africanas fueron prácticamente abandonadas por los países europeos. Los procesos independentistas fueron más bien alentados desde Europa, que resistidos, y en algún caso las colonias africanas, fueron definitivamente desechadas.

 

No obstante, África es un continente interesante desde el punto de vista económico, sobretodo por sus riquezas minerales. La guerra fría alentó los conflictos armados, entrenó y financió facciones y bandos y las dictaduras africanas entregaron cierta estabilidad institucional, que permitía el intercambio comercial con Occidente.

 

Las opciones africanas se juegan entre una guerra civil permanente, como es el caso de Somalia, famoso en estos días por la crisis alimentaria, pero que lleva 20 años de Guerra Civil permanente.  O también una dictadura o monarquía, que coarta las libertades de los individuos, explota las riquezas en beneficio de ciertos clanes; pero al menos mantiene cierta estabilidad institucional, una especie de clima de sumisión pacífica e incluso cierta bonanza económica, sin los excesos de la guerra entre clanes. Como es -o era, está por verse- el caso de Libia, donde la dictadura de Ghadafi en 40 años ha sido aliada del bloque soviético, luego se ha declarado neutral, luego ha restablecido relaciones comerciales con Europa; aunque Libia en estas volteretas se ha transformado en el país más rico de África. O -y esto es lo que me parece comienza a olerse en el ambiente-, la posibilidad de procesos democratizadores, de los que la próspera Sudáfrica parece ser un ejemplo a seguir.

 

Es lógico en cierto sentido, que una población como la de Libia busque una transformación democratizadora, por el debilitamiento de un líder envejecido, porque recibe cada vez más influjo occidental, a través de sus relaciones comerciales, y con el potencial petrolero que sustenta su economía. Aunque también es cierto que la apertura de estos mercados norteafricanos a los conglomerados económicos occidentales, más los procesos de privatización europeos, y el desarrollo de sistemas de capitalización individual en Europa en reemplazo de los actuales sistemas de redistribución social europeos, forman un cóctel interesante para superar la crisis al menos europea. Es decir, todos estos elementos son justamente las condiciones para una fase de expansión del capitalismo neoliberal, que puede significar la salida de la actual crisis.

 

Pido perdón por esta extensa introducción, que tiene como objeto decir solamente que los “cambios profundos” exigidos, por allí o por acá, son cambios distintos. Que hay cambios y cambios. Que no basta decir “viva el cambio”, según el célebre pero vacío slogan de campaña.  Pareciera que todos son procesos similares al menos en que buscan ser democratizadores. Sin embargo están en juego ideas de democracia bien distintas.

 

Europa celebra los impulsos democratizadores de Libia; pero desoye, criminaliza y reprime a quienes piden “democracia real ya”, al interior de la propia Europa. En Chile, recuperamos la democracia; pero nos damos cuenta que esta democracia tiene apellidos, es una democracia neoliberal, que desoye, criminaliza y reprime a la ciudadanía, cuando lo que piensa la mayoría no es útil a los intereses económicos de los poderosos. Es cierto, ya no vivimos en dictadura, pero este tipo de democracia es poca cosa.

 

Me parece, que esto nos echa a la cara, al menos  a mí me echa a la cara, que las ideas políticas tienen zonas grises, que hay que tomarse -igual que se toman los colegios y las calles- las ideas de democracia, cambio o libertad. Estas ideas deben ser retomadas, repobladas, porque algunos se han apoderado de estas ideas, deslavándolas, vaciándolas y haciéndolas parte de discursos propagandísticos y serviles. Hay que reformular las ideas de democracia, libertad y cambio que queremos, porque se han vuelto ideas manipuladas que han perdido su potencial político. ¿Profundizar la democracia neoliberal? No, gracias. Reestructurar las bases democráticas de nuestro país.

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11 agosto 2011 4 11 /08 /agosto /2011 13:10

Me gustas democracia, pero estás como ausente…

Un cartel del 15M en Madrid parafraseaba, los versos de Neruda, con esta invocación a la democracia ausente. Me acordé de un graffiti que vi en Santiago, por ahí por el año 90, en el barrio Concha y Toro: “Contra el capitalismo y su democracia cartucha”.

Ya en esa época muchas personas (varios movimientos específicos para ser honesto), no comulgaban con la forma de democracia que habíamos obtenido en Chile, después de la dictadura. Se trataba de una democracia que no convencía a muchos, y eso que recién había llegado.

MegustasdemocraciaperoestascomoausenteCon el tiempo nos convencimos que vivíamos en una “transición a la democracia”. La verdad, esta idea da cuenta de una genialidad creativa. Pues si lo pensamos un poco, los primeros seis años después de la dictadura, fueron años en los que se vivía con temor, con senadores designados, con Pinochet como comandante en jefe de las fuerzas armadas, con ejercicios militares frente a la moneda, con la constitución del dictador en plena vigencia y sin modificación alguna. Era una situación penosa, la dictadura se había acabado; pero no había democracia, la trampa del binominal aseguraba a la derecha  un cupo parlamentario muy inflado respecto de su votación, y otros grupos políticos con derecho a ser representados y con votos suficientes, simplemente no estaban en el parlamento.

No estábamos en dictadura y no estábamos en democracia. Sin embargo, en vez de pensar que no habíamos recuperado la democracia, pensamos que estábamos camino a, en vías de, en transición a la democracia. Fue una forma creativa de ser optimistas. Al menos había un presidente electo, y un parlamento casi, casi, casi elegido, y las instituciones habían abandonado la intervención militar, por una especie de tutelaje militar. También se habían acabado los toques de queda, las torturas, la CNI, y las detenciones ilegítimas. Bueno, casi, casi; la verdad es que algunas de estas cosas casi se terminaron, y otras casi no. En fin, en ese tiempo podríamos haber pensado que estábamos casi en dictadura; aunque en general, preferimos pensar que estábamos casi en democracia.

 

Confieso que he tirado piedras…

El movimiento estudiantil en ese momento tenía como objetivo desestabilizar a la dictadura, y con el final de la dictadura no supo qué hacer. Como la mayoría de los movimientos sociales, tuvo miedo de desestabilizar a la concertación, hacerle el juego a la derecha y allanar el camino a los militares.

El movimiento actual, tiene un acerbo político muy distinto. No quiere vivir casi en democracia. Los jóvenes secundarios –los movimientos sociales- de ese entonces nos conformamos con vivir casi en democracia. La ciudadanía tenía temor a que la dictadura volviera.

Pero el tiempo fue transformando lo provisorio en permanente. La política de pactos electorales con cuoteo, y de consensos parlamentarios con la derecha, se transformó en regla, el binominal se quedó para siempre, también la constitución y el modelo económico de la dictadura.

La concertación gobernó de cara a la derecha económica, sin tocar a los militares, y en pacto con la derecha parlamentaria se transformó poco a poco en clase política. ¿Podría haberse hecho de otro modo? Difícil de decidir. Después de la guerra todos son generales y a 20 años de distancia, algunas cosas se ven más fáciles. Me parece que la concertación hizo un aporte en acabar con la dictadura, pero también es responsable de mantener esta casi democracia, que no es sostenible.

Estoy convencido que el movimiento estudiantil que aboga por una educación no sólo de calidad; sino también pública es eco de otros sectores de la sociedad, que con menos capacidad de organización no se han levantado. Pero el problema de la salud pública y el sistema de pensiones, también son parte de una reestructuración del sistema social que la dictadura destruyó y que en estos 20 años se mantuvo por falta de valentía y creatividad, o por exceso de prudencia y acomodación, como quiera plantearse.

También me parece,  que esta reestructuración social requiere una transformación política, en términos constitucionales, y una reforma al financiamiento del Estado.

Evidentemente, hay un problema con respecto a la forma de operacionalizar un movimiento como éste. 100.000 personas no pueden marchar todos los días, indefinidamente por la calle. Yo creo que el movimiento debe tratar de permear los distintos sectores de la ciudadanía. Si uno lee los blogs de la segunda, por ejemplo, o ve las propias opiniones de sus contactos por Internet, se dará cuenta que hay muchas personas que repite los slogans de la derecha "Yo puedo pagar la educación de mis hijos, no quiero que me la regalen", decía una mujer en un twitt el otro día. También un comentario decía "Yo trabajo desde los quince años, y gracias a que me partí el lomo, pude estudiar de noche y ahora llevo ua vida mejor; ¿por que ahora van a regalar la educación?". Bueno, esas personas no se han detenido por ejemplo en que por cada niño de quince años que tuvo que trabajar, romperse el lomo, y logró estudiar, otros muchos no lograron hacerlo, y que si bien es meritorio que un jóven de quience años logre estudiar con todas las condiciones en contra, eso es muy cercano a la esclavitud. Y el peor esclavo es el que se transforma en capataz de los otros esclavos. Ni tampoco han repardo en que aquí se está exigiendo un derecho, y no un regalo. Como nos hemos acostumbrado a la política del bono, y a los "regalos políticos". Me parece que el movimiento, debe ser capaz de hacer visibles sus convicciones más allá de sus límites y transversalizar dichas convicciones básicas de manera que la ciudadanía vaya incorporando una visión general que permita las transformaciones necesarias. De manera, que el día que logren un acuerdo político con el gobierno y dejen de marchar -y ese día llegará y ojalá sea el acuerdo más beneficioso para las convicciones que compartimos-; se haya ganado también en visibilizar para la ciudadanía en su conjunto, la serie de cambios que para Chile son necesarios.

 

Adán Salinas Araya

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7 agosto 2011 7 07 /08 /agosto /2011 20:44

 

MegustasdemocraciaperoestascomoausenteUna frase típica de campaña, que no dice nada, excepto que quien se atreve a mencionarla se arroja el derecho a decidir por todos. Una frase prepotente. Quien la dice, se arroga así mismo el derecho a ser portavoz del sentir común. Una frase literalmente arrogante. La “gente” no quiere nada; porque la "gente" no existe. Así es. Lo que existe son sectores sociales, y sujetos con intereses distintos, muchas veces en contradicción y que quieren y buscan cosas muy distintas. A veces los intereses convergen al menos mayoritariamente, a veces no.

En este momento vemos la convergencia de muchos sujetos y sectores sociales que convergen en torno al problema de la educación. Son muchos, pero no son todos, basta leer los comentarios de los blogs de la segunda y veremos -con indignación y con horror- la cantidad de opiniones irracionales y odiosas de muchos de sus lectores. El fascismo es una estructura mental, muy difícil de erradicar.

Me siento en buena parte representado por el actual estado de protesta. Aunque en cierto sentido Piñera está pagando los platos rotos de los últimos 30 años; pues la concertación no hizo demasiados esfuerzos por modificar el modelo de educación instalado por Pinochet. Digamos las cosas como son. Piñera no es inocente, por el contrario, es un neoliberal dogmático que está absolutamente convencido de la estructura de desigualdad que el modelo educacional instala, lucró en los nefastos años de la dictadura y además ha gobernado como un patrón de fundo, sin escuchar a nadie, ni siquiera a sus partidarios. Pero, el sistema educacional que Piñera defiende, fue instalado por Pinochet y mantenido por la concertación. Las cosas como son. Es cierto que el dictador dejó amarrado el asunto con una ley electoral que no permitía realizar grandes cambios, a menos que se tuviese una mayoría absoluta en el Congreso, asunto que el binominal no permitió, ni permitirá; pero es cierto también que no se hicieron todos los esfuerzos. Que se gobernó de cara al modelo económico.

Como decía me siento en buena parte representado por el actual estado de protesta, porque entiendo que no se trata sólo de una protesta contra Piñera y su Gobierno; sino contra un modelo de desarrollo económico y social nefasto.

Me he acordado en estos días que durante la campaña presidencial los candidatos repetían con arrogancia “lo que la gente quiere es…” y luego disparaban sus fórmulas. ¿Qué es lo que la gente quiere hoy? Como dije, la “gente” no existe. No hay un sujeto único con una voluntad general. Pero al menos un gran sector de la sociedad muestra descontento y converge en la necesidad de una reestructuración del modelo educacional.

A este descontento yo sumaría un par de detalles que casi no aparecieron en las campañas presidenciales (porque la “gente” no quería escuchar hablar de eso). Yo creo que es necesario no sólo una reforma al sistema educacional; sino al sistema social en su conjunto. Es decir, desmantelar los sistemas de capitalización individual que la dictadura implantó, sin la aprobación popular, y generar un sistema de educación, salud y pensiones integrados, de carácter público. Evidentemente esto requiere repensar el financiamiento público, pues es un asunto caro. Así lo demuestran las actuales deudas de los estados europeos que nuestros actuales gobernantes citan descuidadamente. Felizmente Chile no es Europa, y no necesita financiarse sólo con Impuestos. Se requiere una reforma tributaria; pero sobre todo la renacionalización de riquezas nacionales, en primer lugar el cobre.

Por otro lado, creo que la reestructuración del modelo social es Insuficiente, se requiere avanzar hacia una verdadera Democracia. Esto implica una nueva Constitución que reemplace completamente la Constitución de la Dictadura, El fin del sistema binominal, la elección directa de gobernadores y consejos regionales (esto hubiese evitado la vergüenza de Hidroaysén), y la incorporación de la consulta plebiscitaria y los proyectos de ley ciudadanos (que cualquier ciudadano o grupo de ciudadanos pueda presentar un proyecto de ley para discusión parlamentaria).  Claro, todas estas iniciativas son reformas políticas y los candidatos opinaban que a la gente no le interesan estas cosas. En fin, a mí me interesan, y además, creo que son necesarias para el país.

En tercer lugar, es necesario repensar las fórmulas del modelo económico en su conjunto. En particular creo en un modelo que considere lo “sustentable” como elemento central de crecimiento. Es decir, que no se puede crecer a cualquier ritmo, ni dirección, sino hacia formas sustentables en términos sociales, de inversión y energéticas. Evidentemente ( y lamentablemente para la mentalidad neoliberal), como cualquier proceso serio, esto implica planificación, coordinación, regulación y no la anarquía económica del libre mercado. El desarrollo de mercados sustentables, exige este giro.

En fin, me siento en parte representado por las protestas actuales; pues veo resonar un descontento que no es sólo respecto a Educación; sino que busca una reforma estructural. Evidentemente creo que estas reformas necesarias no se logran en un año, o en cuatro, quizás en 20 ó 30; pero me parece que partir con la Educación y el financiamiento estatal, es lo más razonable.

 

Adán Salinas Araya.

 

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6 agosto 2011 6 06 /08 /agosto /2011 16:19

Estudiante-en-chile3.jpgUna “falacia” es una proposición o un argumento que pretende presentarse como cierto, aunque no lo es. Una falacia genera cierto efecto de persuasión en el sujeto que la escucha; pero sólo por una especie de potencial sicológico o emotivo, no porque sea cierta. Cuando yo tenía 15 años y estudiaba en un liceo público, un profesor me explicó lo anterior, y me ha sido tremendamente útil desde entonces. También me dio un ejemplo que aprovecho de compartir: Supongamos una discusión familiar acerca del destino de las vacaciones. Uno opina que es mejor ir a la playa, otro que a un lago, otro que al campo. La discusión parece no ir a ninguna parte. De pronto un cuarto dice “Aquí, el que pone el dinero soy yo; así que vamos a ir a la montaña”. Los otros guardan silencio, porque ante ese argumento pareciera que no hay nada que decir. El argumento es una apelación a la fuerza, en este caso a la fuerza del dinero. Quien pone el dinero manda. Eso parece convencer a cualquiera; pero no significa que quien pone el dinero tenga razón. El argumento sólo sirve si buscamos imponer la fuerza, y que los demás acaten; pero no busca encontrar lo más razonable, o lo más justo. Ni siquiera es un argumento verdadero; sino una especie de verdad a medias, presentada para convencer.

Me parece que esta estructura “falaz” que mi profesor del Liceo hace ya algo más de 20 años me enseñó a reconocer, hoy está presente de muchas maneras en los discursos oficiales sobre educación. Aunque una en particular me parece especialmente peligrosa. La “falacia del ascenso social”. La he leído en declaraciones del Ministro Bulnes, antes del (ex)Ministro Lavín, de la ex Ministro Von Baer. La última versión -la del ministro Bulnes- defiende el actual sistema educacional, pues ha permitido el ascenso social de muchas personas. Es decir, se insiste en la idea de que si una persona estudia, o se capacita laboralmente, va a recibir una mejor remuneración que le permitirá ascender socialmente en el futuro. En base a esta promesa, se mantiene la idea de que las personas deben pagar individualmente su educación. Se trata de una idea perniciosa y falsa, que se esconde bajo ciertas verdades a medias. Evidentemente nadie se opondría a que una persona que se esfuerza y estudia, sobre todo si proviene de un estrato social modesto, reciba una remuneración mayor que la esperable por su condición social previa y “ascienda socialmente”. Pero presentar las cosas de esta manera, es sólo una manipulación a la sensibilidad de las personas. Pues el ascenso social individual, sin una evolución social colectiva, es el motor de la desigualdad. Quisiera exponer esto con un ejemplo, pido las disculpas del caso por el exceso de experiencias personales.

Yo he vivido en varios barrios de clase obrera y quisiera comparar dos de esas experiencias. El primero, la Población Juan Antonio Ríos, en la Comuna de Independencia, en Santiago de Chile. El segundo, el barrio Puerta del Ángel, en el distrito de la Latina, en Madrid. En el caso de la primera experiencia, se puede atestiguar un proceso de “ascenso social”, como el que refiere el Ministro. En la década de los 80, un hijo de familia obrera, que consiguió un trabajo calificado o que accedió a educación superior, comenzó a recibir una mejor remuneración y acceder a nuevos bienes y servicios, una cuenta corriente, un vehículo. Los vecinos, no obstante, opinan que el barrio se “echó a perder”. Los establecimientos educacionales del barrio, fueron perdiendo progresivamente calidad, el policlínico del barrio desapareció, la infraestructura vial, el mobiliario urbano se han ido deteriorando, el barrio tiene cada vez menos comercio, servicios y progresivamente más delincuencia, menos uso de los espacios comunitarios, y una mayor inseguridad social. Los hijos de estos obreros nacidos en Juan Antonio Ríos terminan cambiándose de barrio, con sus nuevas familias, pues “ascienden” socialmente; mientras los barrios más tradicionales se deterioran cada vez más.

En el segundo caso, el barrio Puerta  del Ángel -constituido principalmente por obreros de las afueras de Madrid- refuerza progresivamente sus servicios de transporte, establecimientos educacionales, se consolidan áreas verdes, se implementa un centro de salud pública, surge una nueva masa comercial y acceso a servicios. En fin, el barrio mejora. Mejora la calidad de vida, del conjunto de personas que vive en el barrio.

Lo que tenemos aquí son dos formas de entender el desarrollo social. Si lo pensamos bien, el ascenso social individual, al que hacen alabanzas las declaraciones del ministro, forma parte de una estructura de desigualdad y deterioro social. Lo único que muestra el “ascenso social individual” es el reforzamiento de una estructura de desigualdad. Una sociedad no debe perseguir el ascenso individual, sino la mejora de la sociedad en su conjunto. En el segundo caso, no es sólo el individuo quien asciende; sino que el barrio en su conjunto mejora, se fortalece, evoluciona socialmente.

Probablemente algún amigo español, me dirá que este paralelo que propongo requiere matices en la actualidad, y es cierto; pues hoy el neoliberalismo amenaza Europa. Aunque la tradición social europea hace que se trate de una versión de neoliberalismo bastante suavizada, y mucho menos salvaje que las versiones extremas y violentas que vivimos en otras latitudes y particularmente en Chile. No obstante, el ejemplo nos sigue indicando que lo importante respecto al ascenso social, no refiere a los individuos, sino a las condiciones estructurales de la sociedad. La defensa del ascenso social individual, que el gobierno se esfuerza en repetir, es una defensa escondida de un sistema estructural de desigualdad.  Una falacia, una verdad a medias. Nadie se opone al ascenso social de algunas personas, pero hay que buscar el bienestar de la sociedad en su conjunto. Es cierto que el actual sistema educacional ha generado ascenso social para algunas personas. Pero a la vez, ha reforzado una estructura de desigualdad que deteriora la sociedad en su conjunto. No se puede tratar de justificar lo segundo, apelando a lo primero.

 

Adán Salinas Araya

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1 agosto 2011 1 01 /08 /agosto /2011 18:10

 

endeudado.jpgEl año 1979 Michel Foucault dictaba un curso en el Colegio de Francia. El curso tenía como título “El nacimiento de la biopolítica”. Un título que a muchos les sonará curioso. Como gran parte del trabajo de Foucault, este curso trataba sobre las formas del poder que se impone a la vida de los sujetos. Este curso, no obstante, tenía una particularidad especial; pues no trataba, ni sobre las prisiones, manicomios o escuelas; sino sobre el neoliberalismo. No trataba sobre los lugares de encierro que habían sido los lugares privilegiados del análisis de Foucault; sino sobre una forma de sociedad que parecía ser libertaria, o que al menos sostenía la libertad, como una idea recurrente de su discurso. Se trata de un curso, que ha sido editado y que conviene leer, ante los actuales acontecimientos. No pretendo comentarlo completamente, ni hacer un resumen; sólo quiero traer a colación una idea de las muchas que Foucault presentó en las clases de ese año y que, me parece, resulta de la mayor actualidad. Me refiero a la idea del hombre-empresa, o el hombre empresario de sí mismo. Foucault la explicó el 14 de Marzo de 1979, cuando los procesos que la desarrollan, recién estaban en formación.

El hombre empresa es la forma en que el neoliberalismo entiende y forma a los sujetos. De algún modo todos nos transformamos en empresarios de nosotros mismos, en  pymes individuales que necesitan gestionarse para rentabilizar o dirigirse a la quiebra. En el fondo, lo que quiere decir es que la racionalidad de mercado se extiende a la totalidad de la vida. La forma “empresa” se toma la vida. Las personas se transforman en capital humano. Como cualquier empresa las personas deben invertir para poder rentabilizar. Decisiones familiares como la cantidad o el momento de tener hijos se transforma en una decisión fundamentalmente económica. Lo mismo sucede con la carrera, la imagen personal e incluso la elección de pareja.

Esta formación del hombre-empresa se logra a través de sofisticados sistemas de capitalización individual. En Chile los conocemos muy bien: sistemas crediticios para autofinanciar la propia educación, seguros privados de salud y pensiones. A través de ellos, es posible tejer una línea vital que llega desde la más temprana edad hasta la vejez. Si alguien quiere una mejor educación que sea rentable a futuro, sólo es posible a través de una fuerte inversión de su familia durante largos años, luego le sumamos el crédito universitario a varios años, el hipotecario pagando suculentos intereses durante dos o tres décadas, y la cotización individual durante toda la vida, a riesgo de no obtener una pensión para la vejez. Lo que logran estos sofisticados sistemas es hipotecar la vida de las personas. Ya no es necesario encerrar, torturar o amenazar a nadie. Basta con la amenaza básica de la desigualdad. El que se resiste, no es ni encarcelado ni obligado, es empobrecido, y la gran desigualdad social se transforma en el motor que acciona al hombre-empresa.

Las personas no son empresas y no es en absoluto sensato pensar que se comporten como tal y que consientan vivir de tal forma. Muchos estamos cansados de vivir de este modo. A menos que la alternativa sea inaceptable. Por esta razón, el funcionamiento del hombre-empresa requiere la desigualdad, de hecho requiere provocar una gran desigualdad social. Sólo de este modo es posible estimular que las personas no se alejen de este camino empresarial; pues la amenaza de la desigualdad está siempre presente. Quien se aleje del camino no será castigado, pues las sanciones económicas son suficientes. O inviertes o pasas a formar parte de la masa desfavorecida y empobrecida. Todos quieren ser una empresa exitosa, pues nadie quiere empobrecerse en una sociedad en que la pobreza es un castigo permanente y muy difícil de superar.

Para algunos, el camino del hombre-empresa resulta. Es decir, es verdadero que comúnmente una capacitación laboral universitaria (un título) permitirá un mayor ingreso futuro, también es cierto que “mejores” relaciones sociales o una imagen personal “socialmente adecuada” forman un “status” que permite rentabilizar. El hombre empresa no es una mentira, es una forma de vida impuesta a las personas, y es el mayor impuesto que pagamos. El hombre-empresa es un proyecto de vida formulado económicamente e impuesto a los sujetos en su conjunto. A través de esta ecuación inversión-rentabilidad sobre la vida, se hipoteca fuertemente la libertad de las personas, transformando completamente el mercado laboral; pero también generando un mercado completamente nuevo. Miles de millones se tranzan en Educación, en créditos universitarios e hipotecarios, y mucho más se juega en los fondos de pensión. Transformar la vida de las personas a través de la lógica empresarial, es un enorme negocio.

 Me parece que entender la lógica del hombre-empresa es capital, para pensar las condiciones y las discusiones actuales sobre el modelo social. En Chile el hombre-empresa es una realidad que genera grandes desigualdades en la población y también gran riqueza para los conglomerados económicos que administran los sistemas de capitalización individual y los instrumentos crediticios.

 

Adán Salinas Araya

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30 julio 2011 6 30 /07 /julio /2011 11:59

Desregulación financiera y recortes sociales.

bail_dees.jpgLa clase política europea está poniendo en jaque la sociedad de bienestar que forjó Europa los últimos 60 años. El contexto de la “crisis financiera” les entrega una oportunidad única para tal fin; pues, es imposible que la ciudadanía europea acepte el nivel de recortes presupuestarios y el verdadero desmantelamiento del sistema social que actualmente está comenzando, si no es a partir de un campo de adversidad. Tal campo de adversidad ha sido esta crisis, superar el campo de adversidad –superar la crisis- vuelve legítimas para la opinión pública, algunas medidas que difícilmente se hubiesen aceptado en otros momentos.

 

Se ha hablado mucho de que esta última crisis es una crisis financiera de la banca privada, y que superar esta crisis implica la disminución de la deuda pública, y por tanto, recortes sociales. En general, estos tres puntos han constituido el eje comunicacional del discurso en Europa. Pero si analizamos bien los vínculos entre ellos, se ve con claridad que su relación es bastante cuestionable. La primera afirmación constituye el diagnóstico del asunto: “hay una crisis financiera de la banca privada”. Quizás sea la parte del discurso que tenga más sentido. Ahora bien, las estrategias que se usaron para intentar superar esta crisis fueron sobretodo el rescate a la banca privada, por parte del Estado. Lo que se ha dicho, es que era necesario, pues si los bancos no funcionan, nada funciona; por lo tanto, es lícito que el Estado entregue liquidez a estos bancos desfinanciados. No  me interesa comentar esta fórmula, ya hay bastante material circulando sobre el tema (ver por ejemplo el documental Inside Job algo efectista pero bastante claro); pero quisiera detenerme en los dos pasos siguientes, que me parece entregan algunas cosas que pensar respecto a Latinoamérica y especialmente respecto a Chile.

 

¿Por qué es importante empequeñecer la deuda pública? El discurso oficial en Europa dice que. 1 La liquidez financiera ha afectado también al Estado, pues tiene mucho gasto y ha tenido que recurrir al endeudamiento. 2 El gasto del Estado es provocado por un sistema social muy caro e insostenible en el tiempo. 3 Sólo se saldrá de la crisis actual, si se le entrega “confianza a los mercados”, que como no pueden confiar en la solidez de la banca privada, deben ver Estados austeros, poco gastadores, y que pagan sus deudas. Evidentemente todo esto implica recortes sociales, pues el Estado gasta mucho, y su principal gasto es el sistema social.

Como se ve, hay cierta discontinuidad en el razonamiento. Recordemos el primer elemento del discurso: la crisis fue causada por las malas prácticas de la banca y el sector financiero. Pero resulta que la solución es empequeñecer el gasto del Estado y eliminar el sistema social. Todo apuntaría a que el problema es la desregulación financiera; pero por alguna razón el asunto termina en achicar el Estado.

 

Miremos el ejemplo de Grecia, que está siendo una especie de laboratorio financiero europeo. Puesto que Grecia quedó en una situación desmejorada, requiere un “rescate financiero”, que la Unión Europea está dispuesta a entregarle bajo ciertas condiciones. Grecia debe recortar funcionarios públicos, reformular el sistema de pensiones y comenzar la privatización de empresas nacionales. En Chile ya conocemos cómo sigue el resto. Nuestro “campo de adversidad” fue distinto, y nadie podía reclamar demasiado a punta de bayonetas. Lo que se busca que haga Grecia es abrir mercados, y extender la racionalidad de mercado a ámbitos nuevos. Probablemente, la clase política europea no busque desmantelar por completo el sistema social, sino que intentará  atraer capitales privatizando aeropuertos, concesiones de carreteras, o sistemas de transportes (todo esto también lo conocemos en Chile), incluso quizás espere lograr un equilibrio fiscal para restablecer los gastos que se han recortado. Y me parece muy poco probable que llegue a los extremos chilenos de privatizar la Educación y reemplazar los sistemas sociales de salud o jubilación por sistemas de capitalización individual como las ISAPRES o AFP, aunque sin duda hay gente que lo piensa. Pero el accionar de la clase política europea ante esta crisis puede ayudarnos a remirar la situación en gran parte de Latinoamérica y especialmente en Chile, que se ha visto conmovido por un nuevo campo de reivindicaciones sociales, a partir de los movimientos por el restablecimiento de la educación pública.

Restablecer el sistema social, pensar en Chile.

La fórmula empleada hasta ahora por la clase política europea mostró que el sistema social europeo tenía una debilidad estructural de financiamiento. Pues se financia, fundamentalmente a través de impuestos. Efectivamente, el sistema social europeo es caro y la carga de impuestos es alta.

 

educacion-privada-2.jpgAnte este escenario, la clase política europea tenía básicamente dos opciones, o buscar nuevas formas de financiamiento o recortar el gasto. También era posible una fórmula mixta, que recortara algo el gasto y subiera el ingreso. Pero esto implicaba subir impuestos y la crisis económica no lo hacía viable. Ahora bien, esto se explica porque los impuestos son básicamente el único ingreso del Estado. En Chile, no sucede tal cosa. Además de los impuestos tenemos empresas nacionales de carácter productivo, el caso emblemático es la industria del cobre, que está en buena parte privatizada y extranjerizada; pero que mantiene un porcentaje de propiedad y explotación nacional, que como sabemos constituye gran parte de los ingresos nacionales. Si pensamos en países como España, o Francia, no hay una industria productiva susceptible de nacionalizarse que sea comparable. Las empresas del Estado en estos países son principalmente empresas de servicios, como el transporte público, por ejemplo, que difícilmente aportan ingresos importantes a las arcas fiscales. Quizás la opción hubiese sido la participación parcial en la banca privada. Además era una opción lógica, como en cualquier proceso de capitalización. Cuando una empresa requiere capitalizarse, vende acciones y tal venta le permite el ingreso de capitales. Eso implica que el nuevo accionista que pone esos nuevos capitales se hace parte de la empresa y de sus futuras rentabilidades. En el caso europeo, los estados rescataron económicamente a la banca pero esto no implicó la participación en tal banca. En buena medida esta hubiese sido una opción para subir estructuralmente los ingresos y no depender solamente de los impuestos. E incluso, hubiese sido una opción más justa en términos de uso de los recursos fiscales. De tal modo no se hubiesen gastado los recursos públicos en superar la crisis de una entidad privada; sino que el estado hubiese invertido en un sector potencialmente rentable. En fin, se tomó el camino contrario. Pero esto nos muestra una importante diferencia entre la situación latinoamericana y especialmente chilena, respecto a Europa.

 

En Chile, el siglo XX fue un siglo de luchas –y de conquistas- sociales. Este proceso de luchas y de conquistas permitió la generación de un sistema social en desarrollo, que se vio abruptamente interrumpido por la irrupción del modelo neoliberal, que desmontó el sistema social y creo sistemas de capitalización individual, haciendo funcionar ámbitos como la salud, la educación o el sistema de pensiones, a través de una racionalidad de mercado. De este modo, allí donde había un sistema educacional, hoy tenemos miles de unidades de negocios; allí donde se comprendía que  existían necesidades de la sociedad en su conjunto en educación, hoy se entiende que hay necesidades individuales de capacitación, para ingresar o progresar en el mundo laboral; allí donde había un derecho esencial a la educación que el Estado debía proteger y proveer en forma igualitaria para los ciudadanos, hoy tenemos un modelo de pago donde el Estado ya no es responsable de la educación, sino que paga a terceros que prestan servicios educacionales. Sucede algo similar en Salud y con el sistema de pensiones.

 

No obstante, el sentir ciudadano exige cada vez con más fuerza, el restablecimiento de un sistema social integrado y público. Esto no sólo es posible; sino que en Latinoamérica, quizás mucho más posible que en cualquier otro lugar. Puesto que los recursos mineros, energéticos e hídricos implican riquezas nacionales, que permitirían un ingreso fiscal no sólo basado en impuestos. Por esta razón, el discurso sobre educación pública y  el discurso sobre la nacionalización del cobre están íntimamente ligados, porque obedecen desde el punto de vista político a la misma discusión, es decir, a la necesaria corrección que el sistema económico y social chileno requieren. No es sólo una “ideologización” de los estudiantes, que comienzan alegando por la Educación y terminan hablando del cobre, como el ex ministro Lavín dijo en su momento. Por el contrario, se trata de un discurso profundamente lúcido, no sólo exige un sistema público de Educación; sino que entiende que tal exigencia implica reformas estructurales, entre ellas, reformas al financiamiento del Estado, que desde la realidad latinoamericana, son incluso más urgentes y más viables que en otros rincones del planeta.

 

Adán Salinas Araya

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26 julio 2011 2 26 /07 /julio /2011 16:48
mala-educacion.jpgYa hace algún rato podemos escuchar a personeros de gobierno, y ahora a la señora del presidente, decir que es necesario focalizar los recursos en Educación, en quienes más lo necesitan, es decir, los más pobres. El argumento es simple y reza del siguiente modo: “Educación gratis para todos significa que con los impuestos de todos se benefician los más acomodados; pues una familia que podría pagar por la educación de sus hijos, se vería beneficiada con la educación gratuita del estado”.
En principio, parece un argumento razonable que apela a que los impuestos no vayan a subvencionar a los ricos, sino a los pobres. Sin embargo, la aparente razonabilidad del argumento esconde una lógica desastrosa. Quisiera presentarlo con un ejemplo.
Al comienzo del gobierno del señor Piñera, se proponía eliminar las listas de espera en salud, a través de entregar un bono a quienes estaban en dicha lista. Con tal bono, la persona podría elegir un lugar para atenderse, un lugar donde evidentemente no tuviera que esperar, sino atenderse de la manera más inmediata. Pues bien, esta medida tiene tres consecuencias. 1 La persona que estaba esperando, deja de esperar y se atiende. Se trata de una consecuencia para nada impugnable, por ninguna parte cuestionable. 2 El bono, pagado por el estado, va a beneficiar a un centro de salud privado. Se trata de una consecuencia más compleja, pues con una subvención del estado termina lucrando un privado, lo cual es al menos impugnable; pero, se podrá argumentar que con este lucro se beneficia, no sólo el dueño del centro de salud privado, sino también el paciente. Es decir, puesto que la primera consecuencia es tan necesaria y deseable, se deja pasar los elementos poco deseables de la segunda consecuencia. Pero hay una tercera consecuencia que no se puede dejar pasar. 3 Puesto que el problema de salud se considera un problema de individuos (un individuo enfermo necesita atención sanitaria), se entrega una respuesta individual (un bono para que el individuo solucione su problema). Lamentablemente con estos bonos el sistema de salud no mejora, sólo mejora el individuo al que afortunadamente se le concedió el bono. Pero el sistema completo de salud no mejora, e incluso se empobrece; pues la inversión que el estado hace en el bono, en vez de resultar en un beneficio para el sistema de salud, redunda en un beneficio para una empresa de salud. El individuo afortunado al que se le entregó el bono, mejora, pero el sistema de salud enferma.
El sistema de bonos, funciona del mismo modo en salud o en Educación. En Educación usualmente conocemos estos bonos individuales como becas o subvenciones. Una beca es una solución para un individuo; pero no mejora el sistema educacional. La beca permite que un individuo estudie, lo cual es una buena solución individual, aunque tan provisoria como inmediata. Por el contrario, si las becas son el único camino, se termina empobreciendo el sistema educacional. Pensemos un momento, en la educación básica y secundaria. Existe una cantidad cada vez menor de establecimientos públicos (municipales), y por el contrario ha crecido  mucho el número de establecimiento privados que reciben subvención del estado (particulares subvencionados). Y además un número menor de establecimientos privados. La matrícula escolar, me parece, (si alguien conoce las cifras exactas, le agradecería indicarlas) debe estar cercana a proporciones como 30% para educación pública municipal, 60% para educación privada que recibe subvenciones del estado, y un 10% para educación privada que no recibe subvención estatal. Si lo pensamos bien, este último 10%, desde el punto de vista de la inversión estatal es irrelevante. Lo que sí es relevante es que el 60% de la inversión en subvenciones educacionales, van a parar a establecimientos privados. Esto significa que gran parte de la inversión del estado, al igual que en el ejemplo de las listas de espera, termina en manos de privados, en vez de fortalecer el sistema educacional.
Al igual que los bonos de salud, la subvención escolar empobrece el sistema educacional. Anualmente el Estado entrega subvenciones a privados por más de 460 mil millones de pesos, para el sostenimiento de los establecimientos educacionales. Desconozco cuál es el margen de ganancia de los sostenedores, pero el margen de ganancia sale de esta subvención, que se transforma en capital privado y no en inversión educacional. Ahora, para cierta mentalidad esto no implica problema alguno, pues para tal mentalidad, los servicios educacionales son bienes de consumo, como un plan de telefonía móvil. Si contrato los servicios, y los servicios se me entregan, entonces pago por los servicios y es lógico que quien me entrega los servicios tenga rentabilidad, pues en eso consiste su negocio. De este modo el Estado hace outsourcing, es decir, paga por las prestaciones de servicios educacionales realizadas a la población en edad escolar. Insisto, si pensamos a través de esta lógica el asunto resulta impecable. El problema radica en si el Estado está autorizado a pensar de esta manera, al menos en lo que respecta a Educación. Pues al igual que en temas de Salud, en Educación no estamos ante prestaciones individuales, en las que podemos cambiarnos de plan o de proveedor; y al concentrar la mayor parte de los recursos del Estado en proveedores privados se empobrece el sistema educacional.
Se trata justamente de esto: en educación hay que pensar en el sistema escolar y no en las prestaciones individuales. Una beca soluciona el problema de un individuo; pero las necesidades educativas, son necesidades de la sociedad en su conjunto. Mientras no pensemos el sistema educacional, y sigamos pensando en unidades educativas, no nos hacemos cargo del problema. El asunto no pasa porque las autoridades no tengan la capacidad técnica para pensar el asunto; sino por un asunto de mentalidad. El mejor ejemplo lo entrega la esposa del Presidente cuando dice “¿por qué mis hijos van a estudiar gratis, si yo puedo pagar por su educación?”. Pues bien, porque la idea es que cualquier hijo de vecino pueda acceder a la educación que reciben los hijos de usted, con una infraestructura semejante, personal docente similar, resultados comparables. El asunto no es tener una mejor calidad de educación para los pobres; sino un sistema educacional integrado: que lo que aprenden sus hijos, estimada señora, sea substancialmente lo que aprende cualquier niño en el país. Ya bastante diferencias hay entre lo que pueden entregarle los recursos de su familia a sus hijos, como para agudizar tales diferencias en el colegio. Una Educación igualitaria, sólo puede ser pública. Los resultados de la Prueba Pisa , durante el año pasado, mostraban que los colegios con mejores resultados en Chile, estaban por sobre el promedio de la Unión Europea y muy por sobre Estados Unidos, sólo comparables a los estándares de Suiza, Finlandia o Japón. Pero, que los colegios con menores resultados obtenían puntajes cercanos a países africanos con grandes crisis sociales, políticas o sanitarias. El asunto no pasa, por si los padres de algunas familias pueden financiar la Educación de sus hijos; sino porque tenemos un sistema educacional desintegrado. Mientras sus hijos y los de sus amigas se educan aprendiendo algún idioma europeo, igual que en  Suiza, en muchas escuelas públicas hay que vérselas con diversas formas de subalfabetismo funcional. Pero esto no es sólo una consecuencia nefasta del destino; sino que en gran parte, es resultado de una política pública nacional, que despilfarra año a año la gran mayoría de los recursos del Estado destinados a Educación, en subvenciones a privados, en vez de invertir en un sistema público de educación.
Con esto no quiero decir que todo bono, subvención o beca sea maligno; sino, que no se puede esperar solucionar problemas estructurales con estrategias individuales. Es cierto que entender esto, implica entender que la pobreza no es un problema individual sino estructural, lo que resulta difícil para ciertas mentalidades. Para muchas personas bienpensantes y bondadosas, la pobreza es un problema que le sucede a la gente pobre, y por lo tanto es necesario ayudar a quien está en esa situación desgraciada; si el Estado lo hace, mucho mejor, entregando bonos, becas y subvenciones. Pero es necesario entender que la pobreza es una condición estructural de la sociedad, y no un problema de la “gente pobre”. Los problemas estructurales, sólo pueden acometerse con medidas estructurales. En términos educacionales eso quiere decir que la focalización de los recursos es necesaria; pues vivimos situaciones extremas a nivel educacional; pero pensar que la focalización mejorará el sistema educacional carece de sentido, si es que tal focalización no es parte de un conjunto de medidas estructurales e integradoras. Pensar que el estado debe favorecer a la “gente pobre” es fruto de una mentalidad bondadosamente desastrosa. Me parece que, el estado debe esforzarse por tener un sistema educacional de calidad, para pobres, para ricos, y para quien sea; o mejor dicho, sin importar la condición social de las personas. Si lo pensamos bien, la única manera en que el sistema educacional mejore en su conjunto es que sea lo más integrado posible.
Cuando se dice que la gratuidad de la educación beneficiará a los ricos es porque se está pensando en forma inadecuada el problema desde el comienzo. La gratuidad del sistema educacional aporta al sistema educacional en su conjunto. La apelación al “beneficio de los pobres” encubre una incapacidad: la incapacidad de mirar el problema educacional como un problema de conjunto. Con esta incapacidad en el diagnóstico, sólo pueden esperarse propuestas incapaces. El planteamiento de que los “impuestos” deben destinarse a subvencionar a los pobres, más que a los ricos; también hace resonar una “mentalidad bondadosa de asistencia”, pero encubre un problema importante. Si nos detenemos un momento, aquello parece razonable; pues ya que los ricos son tan favorecidos por su fortuna, no es posible que además, las políticas sociales los favorezcan. Las políticas sociales, según esta mentalidad, deben orientarse a los pobres. Pues bien, se trata de un razonamiento no sólo falso, sino que además encubridor. Las políticas sociales son la manera en que el Estado asegura para el conjunto de la sociedad, no sólo para los pobres, una cierta situación social básica. El asunto, entonces no trata sobre los impuestos o las arcas fiscales; sino sobre la distribución de la riqueza del país.
Las brechas entre ricos y pobres que existen en nuestro país, son dramáticas e inmorales. Ahora bien, la mala distribución de la riqueza es un problema que en primer lugar se relaciona con la mala distribución del producto interno bruto, se trata de un país que crece económicamente; pero en el que se benefician de manera muy desigual los actores del proceso productivo. Ese es el nudo de la problemática, es decir, cómo lograr que el usufructo de la actividad económica del país se distribuya entre quienes la generan. Dicho en forma salvaje, pero directa, que quienes trabajan y generan riqueza se beneficien de ella, y que esa riqueza no quede en las mismos bolsillos. En tal sentido, el slogan “que los impuestos se gasten en beneficio de los pobres”, que escuchamos a menudo, se hace eco de un sentir común y verdadero: que la mala distribución de la riqueza es un crimen social; pero, a la vez, en forma artera traslada el problema y en vez de querer solucionar el crimen lo deja intocado. Decir que los impuestos y los recursos del estado deben gastarse en la gente pobre, parece bien intencionado; pero se parece mucho a decir: “A la distribución económica del país dejémosla tranquila, y hagamos caridad con el bolsillo del estado”. Si lo analizamos bien, esta mentalidad bienpensante y bondadosa, resulta cada vez más dudosa en sus intenciones. Permítaseme insistir, las desigualdades sociales del país – de un país especialmente rico, por lo demás- no son obra del destino, ni de la mala suerte. Sino de la forma de distribución de la riqueza. Si a alguien le ofende esta mala distribución, la considera injusta, indigna y cree que  estos niveles de pobreza en un país rico, son criminales, entonces estoy de acuerdo; pero esto no se soluciona con bonos o subvenciones. Sino con una reforma estructural de los procesos de distribución de la riqueza. No soy ningún experto en economía, pero pienso que la familia Piñera Morel con una décima parte de sus riquezas actuales viviría bastante tranquila y podría considerarse afortunada, y si las nueves partes restantes beneficiaran a los trabajadores que han generado tal riqueza, probablemente tendríamos una mejor distribución. Perdóneseme que hable de esta familia en particular; pero como la señora Morel daba el ejemplo de su familia… Qué tal si hacemos otra cosa, estimada señora, si en vez de que usted pague la educación de sus hijos redistribuimos la riqueza de manera más justa…
 ¿Por qué intentar solucionar la pobreza con los recursos del estado, si vivimos en un país rico, pero que enriquece sólo a algunos conglomerados privados, nacionales y extranjeros? ¿Entonces si el problema de la pobreza lo genera el enriquecimiento desmedido de unos pocos, no entiendo por qué es tarea del estado remediar los efectos y no las causas de tal enriquecimiento desmedido? ¿No es manipular la sensibilidad social de las personas hablar de focalización de los recursos del estado, pero no de distribución de la riqueza? ¿No sería mejor pensar en un sistema público de educación para Chile, integrado y sin condición de clase?
Como decía, cada vez que lo pienso el argumento me parece menos bondadoso y menos bienpensante.
Adán Salinas A.

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